
Comentario al Facebook de Juan Antonio Ríos Carratalá (11/12/2019)
En este pantallazo vuelve a asomar lo de siempre: la manipulación de los hechos.
En diciembre de 2019, el catedrático Juan Antonio Ríos Carratalá publicó en Facebook un comentario que resume perfectamente su forma de actuar: cinismo, manipulación y falsedad. A primera vista, parece un mensaje cordial y académico. Pero al leerlo con detenimiento y contrastarlo con los hechos, queda al descubierto la estrategia de siempre: presentarse como un historiador abierto y dialogante mientras construye un relato que no se sostiene.
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“Yo ofrecí a la familia…”
Falso. Nunca ofreció nada. El único contacto que existió fue porque yo le requerí formalmente la rectificación de falsedades sobre mi padre. No hubo acercamiento voluntario, ni colaboración, ni disposición real. Ese relato edulcorado es una manera de blanquearse ante la opinión pública.En su publicación afirma: “Yo ofrecí a la familia incorporar su testimonio a mis trabajos”.
La realidad es otra: jamás hizo ese ofrecimiento. Nunca se dirigió a mi familia, ni a mí, salvo después de recibir un requerimiento en el que le exigía que corrigiera las falsedades publicadas sobre mi padre. Fue entonces, y solo entonces, cuando me envió correos con un tono amable y paternalista, hablando de “colaboración”. Eso no es ofrecer, eso es reaccionar a una reclamación legítima. -
“Anonimato histórico”
¿De dónde se saca semejante idea? Ni yo ni mi familia hemos pedido borrar ni ocultar nada. Al contrario: estamos orgullosos de Antonio Luis Baena Tocón y de su memoria. Lo que pedimos es que no se le atribuyan mentiras: que no fue secretario judicial de ningún consejo de guerra, que no pidió condenas máximas, que no fue pieza represiva del franquismo. Quien quiera anonimato para su familia, que empiece por la suya, que seguro que tiene donde rascar.Dice que mi acción es “contraproducente si lo que se pretende es preservar el anonimato histórico del miembro del Juzgado Especial de Prensa”.
¿Anonimato? ¿Quién le ha dicho que yo quiera ocultar nada? Estoy orgulloso de mi padre y de su trayectoria. Lo que exigí y exijo es que no se difunda sobre él una sarta de falsedades: que si fue secretario del consejo de guerra de Miguel Hernández, que si era un trepador sin estudios, que si era pieza de un engranaje represivo franquista… Todo eso es mentira, y los documentos lo demuestran. No queremos anonimato, queremos verdad. -
“Confío en mi universidad y en la justicia”
Claro, confía siempre que le den la razón. Cuando la justicia no le respalda o cuando se le exige rigor, entonces acusa de franquismo, de censura o de conspiración contra la libertad de expresión. Esa fe condicionada es puro cinismo.Remata con un guiño: “Confío en mi universidad y en la acción judicial”.
Claro que confía… siempre y cuando le den la razón. Cuando no, todo es franquismo, censura y ataques a la libertad de expresión. Su discurso está armado para ganar siempre: si los jueces o la universidad lo apoyan, es triunfo democrático; si no lo hacen, es que los herederos del franquismo han vuelto. Una trampa circular. -
La noticia de El País
Aquí tenemos otro ejemplo de periodismo acrítico. El titular habla de “el secretario judicial de la condena a Miguel Hernández” —una expresión sectaria e inexacta que nunca corresponde a la realidad— y añade que “la familia recurre para borrar su nombre”. ¿Borrar? Nadie recurrió para borrar nada. El recurso se interpuso porque se estaban difundiendo falsedades sobre ese nombre. Lo de borrar es el comodín retórico que a Ríos y a ciertos medios les interesa para victimizarse y convertir una denuncia legítima en censuraEl papel de El País: ¿informar o actuar de vocero?
La noticia que comparte dice: “La familia del secretario judicial de la condena a Miguel Hernández recurre para borrar su nombre”.
Dos falsedades en un solo titular:Mi padre no fue secretario de la condena de Miguel Hernández, ni siquiera miembro de ningún consejo de guerra.
Nunca pedí borrar su nombre, sino rectificar las falsedades vertidas sobre él.
La pregunta es inevitable: ¿quién filtró esta versión a El País? ¿Hablamos de periodismo o de fontanería académica?
En resumen, esta publicación es un compendio de cinismo:
– Se inventa un ofrecimiento inexistente.
– Me atribuye un deseo de anonimato que jamás he expresado.
– Se refugia en una fe selectiva en la justicia y la universidad.
– Se apoya en un medio que actúa de altavoz acrítico.
Lo que hay detrás no es “colaboración” ni “respeto”, sino la enésima maniobra de manipulación pública para mantener un relato falso y cómodo.
🛑 Conclusión
Ese pantallazo de Facebook es un ejemplo de libro: aparentar ser un académico respetuoso mientras se introduce, entre líneas, un relato falso que degrada la memoria de un hombre. Lo que presenta como “ofrecimiento” fue, en realidad, una respuesta tardía a un requerimiento. Lo que califica de “anonimato” es, en realidad, una defensa legítima frente a la mentira.
La verdad, señor Ríos, no se fabrica con likes ni con publicaciones en cadena.
Haré a continuación tres entradas al respecto que estarán interrelacionadas entre sí:
1. El origen del engaño (2015–2016),
2. La farsa de la “colaboración” (2019),
3. La huida hacia adelante y la manipulación mediática (2019–2020)
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