CUANDO EL RELATO NECESITA UN CULPABLE

Publicado el 24 de enero de 2026, 12:00

Mi padre, mi abuelo y la historia reescrita

Memoria selectiva, daño moral y manipulación documental

en un caso real

 

1. Del debate intelectual al perjuicio concreto

En una entrada anterior analicé cómo determinados discursos convierten la memoria histórica en un reparto moral previo, con víctimas oficiales y culpables estructurales.

Ese fenómeno no es una abstracción académica.
Tiene consecuencias reales, cuantificables y documentadas.

En mi caso, ha afectado directamente a la memoria de mi padre, Antonio Luis Baena Tocón, y de mi abuelo, Francisco Baena Jiménez, mediante atribuciones falsas, relatos tergiversados y usos ideológicos del pasado.

No hablo de interpretaciones discutibles.
Hablo de hechos comprobables, documentos oficiales, archivos públicos y resoluciones judiciales.


2. Mi abuelo: republicano, asesinado… y convertido en la víctima equivocada

Mi abuelo paterno, Francisco Baena Jiménez, fue republicano.
Fue asesinado en 1936 por milicias republicanas, debido a sus actos consecuentes con sus convicciones religiosas y a su negativa a participar en actos criminales.

Este hecho consta en:

  • testimonios familiares concordantes

  • documentación civil

  • archivos históricos

  • investigación propia contrastada

Sin embargo, en determinados relatos públicos (Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante) su historia ha sido invertida o deformada, presentándolo implícita o explícitamente como víctima del franquismo, porque esa versión encaja mejor en un esquema narrativo prefabricado.

Se altera así la verdad histórica no por error inocente, sino por conveniencia ideológica.

La muerte de una persona real se convierte en materia prima para un relato.


3. Mi padre: de ciudadano real a “verdugo simbólico”

El caso de Antonio Luis Baena Tocón resulta aún más grave (por parte del autor mencionado en el apartado anterior).

Durante años, en:

  • libros,

  • artículos académicos,

  • entradas de blog y Facebook,

  • entrevistas radiofónicas y de otros medios,

  • publicaciones digitales y hemerográficas,

  • conferencias con una única versión, haciendo una huida hacia adelante con las falsedades vertidas; buscando colegas que aplaudan y dando testimonio de esos apoyos para intentar desacreditar a quien le puso en entredicho, etc

se ha difundido un bulo historiográfico que lo presenta como:

  • secretario de consejos de guerra que no lo fue,

  • pieza decisoria de un aparato represivo,

  • funcionario represor por convicción ideológica,

  • beneficiario directo de la represión,

  • otras expresiones con falta de veracidad, de menor calibre, pero no menos graves...

Estas afirmaciones han sido y serán desmentidas, entre otras, por documentos oficiales, entre ellos:

📄 Archivos militares y administrativos

  • Archivo General e Histórico de Defensa.

  • Archivo Militar de Segovia,

  • legajos de instrucción que acreditan su papel real y forzoso, limitado y no decisorio,

  • documentación que prueba que no era funcionario durante la etapa militar, y que accedió posteriormente por oposición en etapa civil.

📄 Resoluciones judiciales

  • Sentencia Contencioso-Administrativa (Alicante, 2021).

  • Sentencia Civil (Cádiz, 2025),
    que reconocen la existencia de inexactitudes, atribuciones falsas y daño moral.

📄 Difusión mediática del bulo

  • Publicaciones del mencionado catedrático de Literatura Española de la UA,

  • entrevista en Cadena SER (Radio Alicante, 2016),

  • reproducción posterior en prensa nacional,

  • más de 1.000 publicaciones derivadas de la misma falsedad, con sus correspondientes añadidos, entregadas en Juzgado.

Mi padre ha sido convertido en personaje, caricaturizado como símbolo y utilizado como ejemplo funcional de un relato ideológico.

No se le ha investigado con rigor.
Se le ha instrumentalizado narrativamente.


4. El método: primero el veredicto, luego los hechos

El patrón aplicado es jurídicamente reconocible:

  1. Se decide previamente el papel moral (represor, engranaje, verdugo).

  2. Se seleccionan los datos compatibles con esa conclusión.

  3. Se omiten o relativizan los documentos que la contradicen.

  4. Se presenta el resultado como reconstrucción objetiva.

Se trata de una forma de acusación sin garantías, equivalente a un juicio con sentencia anticipada.

La historia deja de ser investigación y pasa a funcionar como imputación retrospectiva.


5. Manipulación documental y licencia narrativa

Entre las prácticas detectadas figuran:

  • atribución de cargos inexistentes,

  • ampliación artificial del papel real,

  • supresión del contexto coercitivo y personal,

  • reinterpretación ideológica de documentos primarios,

  • uso acrítico de fuentes secundarias,

  • repetición mediática de datos falsos hasta convertirlos en “verdad pública”,

  • desacreditar la trayectoria de toda una vida como apoyo al bulo ideológico.

El resultado no es historiografía rigurosa.
Es narrativa moral con apariencia académica.

O, dicho con ironía sobria:
ficción con aparato crítico.


6. El daño moral: cuando la memoria deja de reparar

Falsear la historia de una persona fallecida no es un ejercicio teórico.
Produce un daño real:

  • vulnera su honor póstumo,

  • perjudica la memoria familiar,

  • expone a descendientes a sospecha pública continuada,

  • convierte una vida real en material simbólico reutilizable, con otros graves daños de diversa índole (social, físico-psíquico, económico, etc)

La memoria histórica debería reparar injusticias.
Aquí se ha empleado para simplificar, estigmatizar y legitimar un relato previo.


7. El doble rasero: sensibilidad selectiva

Se exige empatía absoluta hacia determinadas víctimas.
Pero se tolera —e incluso se normaliza— la deshumanización de otras personas, siempre que encajen en el papel de culpables convenientes.

Se proclama rigor histórico.
Se practica rigor selectivo.

Se denuncia la manipulación…
cuando manipulan otros.


8. No es negar la historia: es exigir verdad verificable

Defender la memoria de mi padre y de mi abuelo no equivale a negar la represión ni a relativizar el sufrimiento ajeno.

Equivale a exigir que:

  • los documentos prevalezcan sobre la ideología,

  • las biografías reales no se conviertan en piezas de un guion político,

  • los muertos no sean instrumentalizados para justificar relatos.

No reclamo indulgencia para nadie.
Reclamo verdad verificable y respeto por los hechos.


9. Cuando la memoria se convierte en advertencia pública

Este caso es personal, pero también ejemplar.

Demuestra qué ocurre cuando:

  • el relato precede a los hechos,

  • la ideología sustituye a los archivos,

  • la historia se convierte en arma moral.

Hoy el daño ha recaído sobre mi familia. No sé de cuántas más...
Mañana puede recaer sobre cualquier otra.

Porque cuando la memoria deja de ser búsqueda de verdad, se convierte en industria de culpables.


10. Conclusión: la dignidad de los nombres propios

Los muertos no son comodines ideológicos.
Las familias no deberían verse obligadas a defenderse de la historiografía.
Y la memoria histórica no es justicia cuando falsea, simplifica o instrumentaliza vidas reales.

La verdad histórica no necesita bandos.
Necesita archivos, rigor, honestidad y respeto.

Y cuando eso falla, callar no es neutralidad:
es permitir que la mentira se consolide como versión oficial.

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