DEL “APAREZCO FURIOSO” AL “ESTABA FURIOSO”: LA MÁSCARA DEL RELATO

Publicado el 29 de agosto de 2025, 9:15

 

Título original: Una noticia donde aparezco “furioso”


Fecha: jueves, 7 de octubre de 2021


Enlace: Varietés y República

Modo de alusión

  • Directa e indirecta. Aunque el foco de la entrada es una noticia de prensa (La Otra Crónica, El Mundo), la etiqueta con la que clasifica el post incluye a mi padre y al “derecho al olvido”. Eso muestra que, incluso en una entrada que aparentemente trata de él mismo, vuelve a arrastrar el caso Baena Tocón a su terreno narrativo.

Estrategia discursiva de Ríos Carratalá

  1. Victimismo mediático: afirma que un periodista lo calificó de “furioso” sin haberlo llamado. Se presenta como víctima de un titular injusto.

  2. Reforzamiento del relato: aunque se queja del término, lo aprovecha para recordar el procedimiento judicial y vincularlo al derecho al olvido, reforzando su marco narrativo.

  3. Etiqueta interesada: usa el etiquetado de la entrada (incluyendo el nombre de mi padre y el derecho al olvido) como anclaje discursivo para mantener mi caso en su repertorio de “ejemplos” recurrentes.

  4. Ambigüedad calculada: se distancia de la palabra “furioso”, pero el hecho de reproducirla y darle espacio en su blog termina fijando esa imagen en sus lectores.

Puntos discutibles

  • El título mismo (“Una noticia donde aparezco furioso”): aunque dice criticarlo, lo amplifica. Lejos de desmentir el adjetivo, lo inmortaliza en su propio blog.

  • La etiqueta a mi padre en su entrada de blog: innecesaria si solo quisiera quejarse del trato mediático hacia él. Muestra que la intención era seguir explotando el caso.

  • El enlace modificado o desaparecido: sugiere manipulación posterior, lo que dificulta la comprobación de la fuente y si realmente reflejaba lo que él dice.

  • Contradicción de tono: en ese momento sí estaba furioso, como recuerdo yo mismo. Pretendió callarme pero no fue así. Convertirlo en “aparezco furioso” es un eufemismo para dulcificar una reacción real de enfado.

 

Réplica narrativa: Del “aparezco furioso” al “estaba furioso”: la máscara del relato

La entrada de Ríos del 7 de octubre de 2021 es un buen ejemplo de cómo manipula hasta las emociones. Titula su post “Una noticia donde aparezco furioso”, como si todo se redujera a una etiqueta caprichosa de la prensa. Pero la realidad es otra: en aquel momento sí estaba furioso, y su reacción pública lo demuestra.

El contexto es revelador. Apenas un mes antes, el 2 de septiembre, había celebrado con alharaca la resolución contencioso-administrativa bajo el título “Una sentencia a favor de la libertad de investigación”. Un título engañoso, porque la sentencia no hablaba de eso, pero que él convirtió en victoria académica y mediática. Y pocos días después, el 28 de septiembre, la cadena autonómica À Punt difundía la pieza titulada “La croada judicial del fill d’un funcionari…”, donde el caso aparecía presentado con un tono combativo, casi de campaña. Ese clima de exposición pública —alimentado por él mismo— es el que desemboca en octubre en la etiqueta de “furioso”.

Al quejarse del adjetivo, no lo borra: lo fija para siempre en su propio blog. Esa es la paradoja. Dice que no lo representa, pero lo multiplica. Y lo hace, además, vinculando el episodio con el “derecho al olvido” y etiquetando a mi padre, Antonio Luis Baena Tocón, sin necesidad alguna. ¿Qué tiene que ver una noticia de sociedad sobre él con el nombre de mi padre? La respuesta es clara: volver a meterlo en su maquinaria de etiquetas y discursos.

Lo más llamativo es la ambigüedad: simula desmarcarse de la palabra “furioso”, pero la conserva porque le sirve. Por un lado, victimiza su figura de académico incomprendido; por otro, reaviva el caso judicial y el relato donde me presenta como censor. Así convierte su propio enfado en arma de propaganda.

Incluso ha modificado después la entrada y el enlace que citaba. ¿Para qué? Para que quede la queja, pero no se pueda comprobar fácilmente qué se dijo ni cómo. Otro ejemplo de su estilo: publicar, manipular, y cuando no interesa, borrar o cambiar.

En definitiva, no es que “apareciera furioso”: lo estaba. Y en lugar de reconocerlo, lo camufló bajo el disfraz de mártir mediático. Una jugada más de su trilerismo narrativo, donde hasta la rabia se convierte en material de autopromoción.