ESTAMPA 11: LA BUFANDA GRIS

Publicado el 8 de julio de 2026, 23:59

ESTAMPA 11: La bufanda gris

Serie: Mi padre, sin etiquetas.

“Pequeñas historias de una vida corriente. Porque una persona nunca cabe dentro de una etiqueta”.

 

Hay recuerdos que no conservan una fecha, ni una explicación. Simplemente permanecen.

Cuando pienso en mi padre durante los inviernos de Córdoba, casi siempre aparece con una bufanda oscura alrededor del cuello.

No sabría decir si era siempre la misma. Probablemente no. Con los años iría cambiando, como cambian todas las prendas que acompañan una vida.

Pero en mi memoria siempre es la misma. Gris oscura. Quizá azul marino. De lana. Sencilla. Sin estridencias. Como él.

Nunca la llevaba de cualquier manera. Le daba una vuelta alrededor del cuello y cruzaba los extremos por delante del pecho, protegidos bajo la chaqueta, la gabardina o el abrigo. Era un gesto automático. Tan suyo como ponerse las gafas para leer o guardar la cartera en el bolsillo interior.

No buscaba llamar la atención. Todo lo contrario.

Mi padre nunca entendió la elegancia como una forma de destacar.

La entendía como una forma de respeto. Respeto hacia los demás. Y también hacia uno mismo.

Por eso nunca recuerdo colores llamativos, ni modas extravagantes, ni prendas que parecieran pedir protagonismo.

Mi madre cuidaba mucho esos detalles. Tenía un gusto extraordinario para elegir la ropa que mejor armonizaba con él. Y él confiaba plenamente en ese criterio.

Ahora pienso que aquella bufanda también hablaba de ellos. De un matrimonio que llevaba muchos años compartiendo la vida hasta el punto de que ya no hacían falta grandes palabras para cuidar uno del otro.

Bastaba una bufanda bien elegida. Un abrigo preparado antes de salir. Un botón cosido. Un cuello bien colocado.

Pequeños gestos que nunca aparecen en las fotografías familiares y que, sin embargo, sostienen una vida entera.

Nunca supe qué fue de aquella bufanda. Probablemente desapareció como desaparecen tantas cosas cuando pasan los años. Pero no la he perdido. Sigue donde siempre estuvo. En mi memoria.

Porque hay prendas que abrigan del frío.

Y otras que terminan abrigando los recuerdos.

Cada vez que llega el invierno y veo a un hombre cruzarse una bufanda sobre el pecho antes de salir a la calle, vuelvo a verlo caminando por Córdoba. Con paso tranquilo. Con aquella elegancia discreta que nunca necesitó hacerse notar.

Y entonces comprendo que la verdadera elegancia casi nunca está en la ropa. Está en la persona que la lleva.

"Todavía hoy, cuando hace frío, a veces me descubro colocándome la bufanda exactamente igual que él."

 

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